jueves, 12 de diciembre de 2013

ASPECTOS EDUCATIVOS DE LA MEDIACIÓN.


La mediación es una nueva manera de resolver conflictos regulada a nivel estatal por la Ley 5/2.012 (de mediación en asuntos civiles y mercantiles), pero es al mismo tiempo una filosofía de vida que fomenta la cultura de la paz, pues profundizando en la mediación se aprenden habilidades para la vida y las relaciones interpersonales, como son:

a)    conocer la riqueza y posibilidades de la comunicación humana (interna e interpersonal) y, en consecuencia, el uso del diálogo como primera opción para intentar resolver los conflictos;

b)    hacerse responsable de los propios conflictos y de su resolución mediante el diálogo (en lugar de trasladarlos  a terceras personas para que lo resuelvan);

c)      percibir y comprender las emociones y sentimientos de otras personas, y ponerse en su lugar (empatía);

d)    expresar adecuadamente frente a otras personas los propios pensamientos, sentimientos y emociones (asertividad);

e)     sobreponerse a las adversidades (resiliencia); y

f)      ver en cualquier hecho inesperado o adverso lo que pueda tener de bueno (serendipidad).


En relación a estos temas hay dos magníficos libros (para regalar o para regalarse uno mismo): “La Asertividad. Para gente extraordinaria” (Eva Bach, y Anna Forés; Plataforma Editorial; 7ª Edidición), y “La Resiliencia. Crecer desde la adversidad” (Anna Forés y Jordi Grané).

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

La aplicación práctica de la mediación en los casos de bullying y ciberbullying MADRID, 27 de NOVIEMBRE de 2013 - LAWYERPRESS Por María Quero, Mediadora y Evaluadora. Directora de formación de AMMI María Quero, Mediadora y Evaluadora. Directora de formación de AMMIEl pasado 18 de noviembre tuvo lugar la jornada sobre “Protección de los menores ante las tecnologías de la información y comunicación” celebrada en el Ilustre Colegio de Abogados de Madrid y organizada por la Fundación Legálitas y Protégeles. Impactantes fueron, sin duda, las exposiciones y los datos ofrecidos sobre estadísticas de acoso a menores en las redes; sobre el uso y abuso que niños y jóvenes hacen de las mismas hasta llegar a convertirlas en su contexto habitual de relaciones interpersonales; y cómo, una vez más, el ser humano consigue dar un giro de tuerca a los medios de que dispone para acabar convirtiéndolos en un arma de doble filo: herramientas creadas con fines ligados al avance y progreso de una sociedad inmersa en la cultura de las telecomunicaciones, convertidas en caldos de cultivo para el acoso, abuso, amenazas y numerosos delitos como el grooming o el bullying que, incluso, al poder legislativo todavía le cuesta tipificar. Se analizaron en la jornada diferentes vías de actuación ligadas a la formación e información de progenitores y docentes de los centros escolares; se hizo un breve análisis sobre si los delitos de ciberacoso deberían ser o no juzgados por el código penal; se aludió al compromiso que está adquiriendo la industria para proteger a los menores a través de la creación de espacios de seguridad, sistemas de filtrado o líneas de denuncia, entre otros; y se aludió a la importancia de coordinar el objetivo y alcance del uso de las tic en el ámbito escolar con el uso de las mismas en el ámbito familiar. Tal y como publicó este mismo diario en el artículo que recogía esta noticia http://www.lawyerpress.com/news/2013_11/2011_13_007.html, se aludió en un par de ocasiones a los beneficios de la mediación y los buenos resultados que ésta tiene en determinados casos: conflictos sin gravedad excesiva y afortunadamente mayoritarios. Se reconoció como método adecuado para resolver el conflicto de fondo que puede haber en el origen de un acoso entre dos niños o adolescentes de una misma escuela, cuyo mal entendimiento se les va de las manos. Así, Francisco Manuel Garcia-Ingelmo, Fiscal de la Sala de Menores, indicó también que para estos casos cuentan con un servicio de mediación que trabaja con el acosador y la víctima. En este sentido, con respecto a los delitos de bullying y ciberbullying creo que además de todas estas medidas, debemos prestar una especial atención a un aspecto prioritario en el campo de la prevención, que es el trabajo con los propios niños, en el que se inculque autorresponsabilidad, autocontrol de impulsos y respeto a la cohabitación de las diferencias interpersonales. Para ello, debemos prestar más atención a la educación en valores pero, sobre todo, al desarrollo de la empatía en los niños. Tenemos escasas experiencias, realizadas casi de manera experimental en algunos centros escolares, donde se han implantado programas para la educación en inteligencia emocional. En ellos, los niños aprenden desde pequeños a identificar emociones, a reconocerlas primero en sí mismos para luego ser capaces de identificarlas en los demás. Aprenden a poner nombre a sus sentimientos: tristeza, alegría, ira, cariño, compasión… y a saber identificarlos y reconocerlos tanto en sí mismos como en terceras personas. Un buen desarrollo de la inteligencia emocional les ayuda también a comprender sus propios comportamientos: “¿cómo me siento cuando sucede X? y ¿cómo me comporto cuando me siento así?” y poder entonces percibir y entender el sentimiento ajeno “¿cómo se sienten los demás cuando yo hago X?”. http://www.youtube.com/watch?v=PQE4WqQSOcQ Esto cobra especial relevancia en la prevención del ciberbullying, ya que cuando se acosa a alguien a través de las redes, es aún más fácil para el acosador abstraerse del dolor ajeno y consecuentemente de la culpabilidad, ya que ni siquiera ve a su víctima y no percibe sus gestos, lágrimas o expresiones de dolor o miedo, lo que limita la capacidad de sentir compasión por ella. Aludiendo a nuestro sabio refranero: “ojos que no ven, corazón que no siente” por ello, una educación en el desarrollo de la capacidad de empatía en los menores es crucial. Si en paralelo a estos programas de desarrollo de la inteligencia emocional incorporamos la mediación escolar en los centros educativos, el beneficio es aún mucho mayor. La mediación en los casos de bullying y ciberbullying tendría una doble vertiente: Por un lado, es aconsejable para los delitos de acoso de cierta relevancia ya cometidos. Sería un procedimiento similar al que se realiza en el ámbito de la mediación penal con menores infractores. Dicho servicio ya se está dando desde la Comunidad de Madrid para casos derivados desde la propia fiscalía. Pero también se podría hacer un escalón antes, desde los propios centros escolares, para casos que no llegan a interponer denuncia pero que se detectan desde las reclamaciones de padres y alumnos. En estos casos es aconsejable la intervención de un mediador adulto, experto y ajeno al colegio, coordinado con los departamentos de orientación y estableciendo protocolos de actuación conjuntamente. Por otro lado, sería muy interesante trabajar el ámbito de la mediación escolar, implantando programas de mediación en los centros educativos que promuevan la prevención de conflictos de mayor alcance. Estos programas contribuyen a mejorar la madurez de los niños en cuanto a la resolución pacífica de conflictos, fomentando desde edades tempranas la cultura de paz y diálogo cuyo legado calará para el resto de sus vidas. Es además preventiva ya que aborda la resolución del conflicto desde su gestación, evitando que el alcance sea mayor. Hay que decir que en los proyectos de mediación escolar se da pleno protagonismo a los niños, siendo ellos mismos los que aprenden a ejercer de mediadores con sus compañeros, lo cual añade un elemento que fomenta el sentido de la responsabilidad, involucración y pertenencia en el proyecto. Las estadísticas dicen que uno de cada diez niños en edades comprendidas entre los 14 y 17 años sufrirá ciberbullying este año en nuestro país (fuente Fundación Legálitas) ¿no es como para que hagamos algo de manera inmediata?

martes, 12 de noviembre de 2013

PRESUPUESTOS DE LA PROGRAMACIÓN NEUROLINGÜISTICA (PNL).

La PNL es una teoría sobre los modos de comunicación del individuo con su entorno y consigo mismo. En consecuencia puede ser de mucha utilidad para la mediación. La desarrollaron en los años 70 del pasado siglo RICHARD BANDLER y JOHN GRINDER, y tiene una serie de presupuestos que resumidamente, según expone RAMIRO J. ALVAREZ en su "Manual Práctico de P.N.L." son los siguientes:

1/ Continuamente elaboramos mapas mentales de la realidad, del entorno y de uno mismo, produciendo imágenes internas (mapas), en las que tiene una influencia decisiva nuestro propio diálogo interno. 
EPICTETO en el siglo I a.C. ya sostenía que “no nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede”).

2/ El mapa  no es el territorio (es una representación del territorio). Los mismos canales sensoriales que utilizamos en nuestras percepciones los utilizamos posteriormente para evocar los recuerdos (con similares sensaciones a las que nos produjeron los acontecimientos que evocan). 
Y también elaboramos mapas lingüísticos. Mantenemos un diálogo interno constante para ir describiéndonos la realidad.
En consecuencia, es posible reprogramar secuencias del comportamiento, modificar emociones y sentimientos desde dentro.

3/ No es el territorio lo que limita a las personas, sino los recursos que se reflejan en sus mapas mentales.
Podemos comprender los croquis mentales de quienes normalmente logran alcanzar sus propósitos para adoptar en nuestros propios mapas internos esas mismas rutas.
Asimismo es posible actuar sobre el autodiálogo interno para propiciar cambios de comportamiento.

4/ No existen fracasos ni errores, sólo resultados.
Si algo no funciona, prueba a hacer algo diferente (ejercicios de reprogramaciones mentales; cambiar las rutas mentales).

5/ El comportamiento es una cosa, la identidad otra (distinción entre el ser y el obrar). “Somos” seres humanos y “actuamos” como tales, acertando unas veces y equivocándonos otras (ALBERT ELLIS).
Ojo a las autodefiniciones limitadoras.
El “Yo” es la parte esencial, y es diferente de los actos.

6/ Cada persona funciona de la mejor manera posible en el contexto en que se halla, y escoge siempre la opción más adecuada de entre las que tiene a su disposición en su repertorio de conductas.
Tenemos que tener  mapas lo suficientemente ricos como para encontrar una variedad de alternativas a elegir (si los mapas mentales son pobres, cuando estemos en situaciones problemáticas tendremos dificultades).

7/ Podemos considerar -metafóricamente- que cada uno de nosotros está constituido de diferentes partes. A veces hay que negociar.

8/ La comunicación es la actividad humana por excelencia. Continuamente intercambiamos mensajes, con el entorno y con nosotros mismos.

9/ La comunicación tiene lugar a través de canales conscientes (voluntarios) e inconscientes (involuntarios).

10/ El sentido de la comunicación es la respuesta que obtenemos de nuestros interlocutores. El responsable de la interpretación del mensaje es el emisor. Si la respuesta que obtengo no es la que esperaba: ¿Qué o cómo puedo hacer para obtener una respuesta diferente?

En posteriores comentarios iremos profundizando en cada uno de estos presupuestos.

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.

martes, 24 de septiembre de 2013

ESTRATEGIAS y TÉCNICAS del Mediador.

Las ESTRATEGIAS de la mediación están muy próximas a las del coaching, que pueden resumirse en cinco fases, en las cuales se reflexiona y se toman decisiones en relación a: 

1) cuál es la situación actual,
2) cuáles son los objetivos,
3) qué obstáculos impiden alcanzarlos,
4) qué opciones se proponen para alcanzarlos,
y 5)  qué compromisos/acuerdos se adoptan para alcanzarlos.

El mediador tiene como estrategia general que las partes reflexionen sobre esas cuestiones y, si es posible, lleguen a un acuerdo.

De una manera más concreta, pueden señalarse como estrategias del mediador las siguientes:

1/ Procurar que cada parte reconozca a la otra sus aspectos positivos, y particularmente el esfuerzo realizado en la iniciación y continuación del procedimiento de mediación.

2/ Conseguir que las partes concreten los hechos para hacer un listado de los temas conflictivos.

3/ Replantear el conflicto desde los intereses/necesidades de las partes (ayudándolas a que abandonen sus posiciones), de manera que sea manejable para las partes y puedan plantear opciones para resolverlo.

Y 4/ Examinar las opciones de solución propuestas por las partes para ver si es posible concluir la mediación mediante un acuerdo global.


Veamos a continuación las TÉCNICAS del mediador.

El mediador tiene que “escuchar” a cada una de las partes. Para ello tiene que buscar un lugar adecuado, donde las partes puedan estar tranquilas y cómodas, procurando evitar distracciones e interrupciones (pedirá que apaguen los teléfonos móviles y que se concentren en el objeto de la mediación). 
Esta “escucha” es una “escucha activa”, es decir una escucha en la que el mediador no sólo está atento sino que, además, participa activamente en la comunicación, tanto en su aspecto verbal como en su aspecto no verbal. Se ha dicho que el mediador no sólo escucha con los oídos sino con todo el cuerpo (y con toda la mente).

Durante la escucha la actitud del mediador debe ser neutral (respecto al objeto sobre el que se media) e imparcial (respecto a las partes), y para conseguirlo, debe despojarse temporalmente de sus prejuicios  (todos soportamos el peso de los prejuicios sobre algunos asuntos o sobre algunos tipos de personas, pero el mediador debe tratar de prescindir de ellos al intervenir en la mediación). 

El mediador debe mostrar interés por lo que cada parte va contando, y manifestárselo mediante expresiones del tipo: “Según veo…”, (ej: necesitabas que Luis te devolviera el préstamo hace un mes y no lo hizo) “Comprendo…” (ej: cómo te sentiste cuando te dijo que no te iba a devolver el dinero), “Ya…”, etc. con el fin de que continúe con su relato.

Asimismo el mediador hará parafraseos (repetición de las ideas principales expresadas por cada parte)  y reformulaciones (repetición de las ideas mencionadas pero suprimiendo de las mismas las eventuales connotaciones negativas).

En todo caso, no se trata de que el mediador esté conforme o disconforme con lo que escucha, sino de manifestar empaticamente que entiende lo que cada parte está contando y que "se pone en su lugar"

Igualmente el mediador reflejará ("técnica del espejo") las emociones expresadas por las partes con expresiones del tipo: “Veo que te disgustó…” (ej: que no te devolviera a los niños a la hora prevista), “Parece que sufriste cuando…” (ej: te faltó al respeto públicamente).

Y Finalmente el mediador hará un resumen de lo manifestado por cada parte, comenzando con frases del tipo: “Si te he comprendido bien…” (el problema surge porque tu marido no colabora en las tareas de la casa ni en el cuidado de los hijos); “Bueno, para ti lo más importante parece que es…” (ej: que tu socio dedica a la empresa la mitad de tiempo que tú y sin embargo se lleva los mismos beneficios).
 El resumen permite confirmar que se ha entendido correctamente la información que nos han transmitido, y ofrece la posibilidad de corregirla en caso de disconformidad. De esta manera se fijan las ideas principales sostenidas por cada parte y se establecen las bases para la negociación.

El mediador apoyará a la parte que lo necesite para que tenga confianza en sí misma y en sus capacidades para intervenir satisfactoriamente en el procedimiento de mediación (lo que recibe el nombre de empoderamiento).  Y asimismo el mediador legitimará a una parte frente a la otra resaltando lo positivo de la misma, especialmente cuando haya sido ninguneada o menospreciada por la otra.

A lo largo del proceso el mediador hará preguntas a las partes para a/ obtener información complementaria, b/ conseguir que las partes abandonen sus posiciones y se centren en sus intereses/necesidades, c/ identificar los intereses compartidos, d/ confirmar que hay acuerdo sobre algún aspecto, d/ confirmar los motivos que tuvo cada parte para participar en la mediación, e/  examinar las posibles alternativas para el caso de que la mediación concluya sin acuerdo, etc.


Las preguntas que hay que hacer son principalmente “abiertas” (que permiten una respuesta explicada) para que las partes cuenten su versión/visión de los hechos, aunque en algún momento también puede ser pertinente realizar alguna pregunta cerrada (sólo permite responder "sí" o "no").

Las preguntas son del tipo: ¿Qué razones has tenido para venir a la mediación?, ¿Cómo te sientes?, ¿Cómo ves tú la situación?, ¿Puedes decirme sobre qué cuestiones querrías llegar a un acuerdo?, ¿Cómo te gustaría que estuviera esta situación dentro de de un año?,¿Qué alternativas tienes si no llegas a un acuerdo?

A lo largo de las sesiones las preguntas van siendo cada vez más concretas en relación a lo que constituye el objeto de la mediación.

Deben ser preguntas que no condicionen la respuesta, es decir que puedan ser respondidas con plena libertad, porque es la única manera de mantener la confianza y la comunicación, pero que, no obstante, inciten a la reflexión y evoquen o inspiren respuestas que permitan ir avanzando en el camino hacia un acuerdo.


José Antonio Germán López-Acosta.
Abogado y Mediador.



lunes, 23 de septiembre de 2013

LA MEDIACIÓN ROMPE VIEJOS ESQUEMAS (ganador/perdedor) Y LOS SUSTITUYE POR OTROS NUEVOS (ganador/ganador).

Hay un viejo modelo de negociación denominado “adversarial” (de adversario) en el que se parte de las ideas de que el conflicto es algo negativo (una especie de guerra) y de que “el otro” es un adversario al que hay que “vencer” para solucionar el conflicto. Según este modelo el que consiga vencer será el “ganador”, y el vencido será el “perdedor”. Estos planteamientos llevan a la ruptura de las relaciones entre las partes.

Hay otro modelo de negociación denominada “colaborativa” (de colaborar) en la que se parte de la idea de que el conflicto es algo natural en las relaciones humanas, y “el otro” no es un adversario sino alguien con quien hay que colaborar -negociar- para solucionar el problema.
Se afirma incluso que el conflicto es algo positivo porque la búsqueda –con el otro- de soluciones pacíficas para superar el conflicto nos puede ayudar a crecer como personas.
Aquí siempre hay dos ganadores. Si hay acuerdo, porque hay acuerdo, y si no hay acuerdo porque al menos habrán conseguido entender el problema desde la perspectiva del otro.
Estos planteamientos permiten la continuación de la relación entre las partes (y dejan abierta la posibilidad de llegar a un acuerdo en el futuro).

En Mediación se sigue este modelo de negociación –colaborativa- cuyas características son las siguientes:

1/ Confianza de cada parte en el mediador, en el procedimiento, y en la colaboración de la otra parte. Esta confianza tiene como consecuencia que las partes, ya sea espontáneamente, o ya sea al responder a las preguntas del mediador, expongan con claridad sus intereses.

2/ Contemplación de los intereses del otro.
La contemplación del otro y de sus intereses supone que cada parte se haga una idea de conjunto sobre el problema común y sepa que hay que intentar darle una solución a ese conjunto.

3/ Diferenciación entre el “otro” y el “problema”.
Diferenciar entre el “otro” y el “problema” lleva consigo tratar al otro con respeto (a su inteligencia, a sus emociones, a sus intereses; a él como persona digna de ese respeto).

Y 4/Proposición de soluciones que incluyan los intereses fundamentales de las dos partes.
Esto último quiere decir que no siempre se podrán satisfacer todos los intereses de todas las partes. En consecuencia, cada parte deberá establecer cuales son sus intereses en orden de prioridad, con el fin de poder renunciar en la negociación a algunos intereses que no sean prioritarios.


José Antonio Germán López-Acosta.
Abogado y Mediador.

MODELO DE NEGOCIACIÓN de FISHER y URY.

FISHER y URY elaboraron en 1.981 un modelo de negociación que aplicaban al mundo de la empresa, pero que resulta extrapolable a cualquier tipo de negociación, incluida la que se realiza a través del procedimiento de Mediación.

El referido modelo de negociación tiene cuatro pilares: 1.- Diferenciar entre "persona" y "problema". 2.- Centrarse en los "intereses". 3.-Proponer "opciones" que contemplen los intereses de ambas partes. Y 4.-Utilizar "criterios objetivos".

1.- Diferenciar "la persona" del "problema".

Hay que partir de dos ideas, la primera es que la persona no es el problema, por lo que no solucionamos nada atacándola, y la segunda es que hay que conseguir que colabore en la resolución del problema, y no lo hará si se siente atacada.  En consecuencia, lo que hay que atacar -intentar resolver- es el problema. Para negociar hay que tener una actitud que reconozca valor (inteligencia) en la otra persona y que trate de persuadirla de que colabore en  la resolución del problema que tenemos los dos.

2.- Centrar la atención en "los intereses" (abandonando "las posiciones").

Esto supone primeramente llegar a la diferenciación entre nuestras "posiciones", que suelen ser consecuencia de las emociones negativas generadas por el problema (por ejemplo, un divorcio conflictivo nos puede llevar a la decisión/posición de no volver a hablarle al ex-cónyuge), y nuestros verdaderos "intereses" (en el ejemplo anterior, nos puede convenir hablar con el ex-cónyuge, a pesar de todo, porque es la única manera de dividir los bienes comunes), o incluso nuestras "necesidades" (nos conviene hablar con el ex-cónyuge porque necesitamos conocer la evolución escolar de nuestros hijos menores que están bajo su guarda).

3.- Proponer "opciones que contemplen los intereses de ambas partes".

Se trata de una negociación libre en la que pueden existir diversas opciones de posibles acuerdos, que en todo caso deberán tener en cuenta los intereses de ambas partes (no tendría ningún futuro proponer una opción de acuerdo en en el que no se tuvieran en cuenta los intereses de la otra parte).

Y 4.- Utilizar "criterios objetivos", aceptables por ambas partes.

En ocasiones puede ser necesario utilizar criterios objetivos, que serían facilitados por un perito elegido de común acuerdo.

José Antonio Germán López-Acosta.
Abogado y Mediador.

sábado, 21 de septiembre de 2013

CASO DE MEDIACIÓN ESCOLAR: EL CHICO QUE LIGABA CON DOS CHICAS AL MISMO TIEMPO.

A continuación pondré un enlace que permite ver una dramatización de una mediación escolar en la que intervienen como mediadores dos alumnos para intentar que lleguen a un acuerdo otros dos alumnos que se se han golpeado entre sí.

El conflicto surge porque uno de los alumnos ha estado ligando al mismo tiempo con dos chicas, y otro alumno (que le tiene mucho cariño a una de ellas) se lo echa en cara, terminando en pelea.

El alumno ligón considera que no hay nada de malo en que él ligue con dos chicas al mismo tiempo, y en todo caso, que es una cuestión en la que el otro no debe entrometerse. El otro alumno considera que no está bien ligar con dos chicas al mismo tiempo, y que él no se ha entrometido sino que sólo intentaba impedir que las chicas fueran engañadas.

Las partes exponen cada una su punto de vista, los mediadores les van haciendo preguntas con las que ayudan a clarificar la situación, a ponerse en el lugar del otro, a conocer los verdaderos intereses de cada uno, a proponer posibles soluciones, y finalmente las partes del conflicto llegan a los siguientes acuerdos: 1º/ El ligón intentará en lo sucesivo no ligar con dos chicas del grupo al mismo tiempo, 2º/ el otro intentará no controlar los comportamientos del primero, y 3º/ Ambos se comprometen a que, si les surge otro conflicto, lo solucionarán dialogando.

Con la mediación se fomenta la cultura de la paz.

http://www.youtube.com/watch?v=xLpvAXtcxck

José Antonio Germán López-Acosta.
Abogado y Mediador.

viernes, 13 de septiembre de 2013

PRESENCIA, PRESENTE Y PREGUNTAS.

Esta entrada es una reelaboración de lo expuesto por TOURNEBISE en el capítulo 5 de “El arte de comunicarse”, editado en España en 1.996 (y cuyo título original era “Se comprendre avec ou sans mots”, “Comprenderse con y sin palabras”).

Una de las características esenciales de la actitud comunicante es la de estar presentes como individuos. Ello requiere no sólo PRESENCIA física sino también presencia mental, la cual supone prestar atención a nuestro interlocutor, tanto en sus verbalizaciones como en su no-verbal, para escucharle y para comprobar que efectivamente hemos establecido comunicación y que continuamos comunicando (pues en cualquier momento pueden surgir pequeñas rupturas, o una ruptura importante, que impida la continuación de la comunicación).

La presencia se produce en el momento PRESENTE, que es la fuente de toda nuestra información, incluso la relativa a hechos que ocurrieron en el pasado. Entre los registros mentales de las informaciones que vamos acumulando hay que distinguir la información meramente registrada (recibida y archivada como acumulación de conocimientos, pero muy limitada en su comprensión y en su posible utilización por la inteligencia), de la información estructurada, la cual no sólo ha sido registrada sino que además ha sido integrada en la conciencia, está localizada ordenadamente en nuestro paisaje interior, y permite que la inteligencia extraiga de ella toda su riqueza. Estos registros mentales estructurados son modulables e interactivos, y cada vez que los exploramos –a lo largo del tiempo- modificamos la estructura de sus informaciones con los nuevos datos que tenemos disponibles en ese momento.

A la información se accede mediante PREGUNTAS. Para acceder hay que hacer las “preguntas adecuadas”, y, desde luego, en la actitud adecuada (comunicativa).
Todas las respuestas están en el interior de nuestro interlocutor esperando a que se formulen las “preguntas adecuadas” para poder salir al exterior.
La actitud comunicativa presupone una actitud de respeto y agradecimiento hacia la persona que acepta comunicarse con nosotros, pues la comunicación no es algo que ella nos deba sino algo que nos regala.
Por otra parte, la actitud de respeto “hacia el otro” es proporcional a la actitud de respeto “hacia uno mismo”. 

La verdadera comunicación no se consigue mediante técnicas sino que requiere una  manera de ser y de pensar, una manera de “vernos” a nosotros mismos y de “ver al otro”.

Debemos atrevernos a profundizar –mediante preguntas- en nuestra manera de ser y en nuestra manera de pensar, y en función de las respuestas, realizar en nosotros los cambios que sean necesarios. 
  
La comunicación requiere “DAR Y RECIBIR ATENCIÓN”. En ella hay RECIPROCIDAD. Sin embargo, la experiencia nos enseña que todo el mundo quiere que se le preste atención (que se le reconozcan sus cualidades o sus logros, o que se  les tenga en cuenta), pero que son pocos los que están dispuestos a prestar a los demás. Por eso hay poca comunicación.
La realidad es que no es posible recibir atención si previamente no se ha dado. 

Desde luego no hay comunicación cuando simplemente se intenta “llamar la atención” realizando comentarios banales, como ocurre cuando se encuentran varias personas y empiezan a hablar cada una de su tema, “colocando” sus historias sin importarles realmente si son importantes para los demás, o si en realidad les están escuchando. Son intercambios verbales propios de  las relaciones sociales que no llegan al nivel de la verdadera comunicación (se encuentran en el nivel de la relación).

En la comunicación hay que “saber dar”, permitiendo que el receptor disponga libremente de lo que le doy y hay que “saber recibir”, aceptando adecuadamente aquello que se nos da.

Cuando doy de verdad, el que recibe conserva su libertad para disponer de lo recibido como quiera, pues no le impongo nada, y en consecuencia está cómodo conmigo y no establece distancias.

Si sólo aparento que doy, en realidad estoy limitando la libertad del otro (le impongo algo), y al sentirse atrapado prefiere mantener la distancia conmigo.

Dar y recibir atención suelen ir juntos, de manera que el que sabe dar también sabe recibir.

Hay que saber recibir incluso los agradecimientos profundos o las felicitaciones. Esto no lo hacemos bien cuando nos limitamos a realizar comentarios superficiales que le quitan importancia al asunto como si realmente no la tuviera (es una norma de urbanidad que en realidad rompe la comunicación porque al quitarle importancia a lo que sí la tiene, entramos en ruptura con nosotros mismos y con la realidad). Una recepción adecuada requiere comentarle a nuestro interlocutor algo pertinente relacionado con lo que para él ha sido importante, expresando con naturalidad, por ejemplo, que a pesar de las dificultades encontradas o del esfuerzo realizado, lo hemos hecho con mucho gusto, o lo hemos hecho porque lo estimamos a él).

Recibir es especialmente difícil cuando lo que debemos recibir no nos gusta o  es desagradable (críticas o agresividad). Pero el problema, cuando hay dificultades, no está en el objeto sino en que nosotros no hemos sabido recibirlo.

La recepción de la comunicación nos resulta más fácil cuando quien nos da su atención lo hace de verdad y al mismo tiempo es capaz de recibir nuestra reacción cualquiera que esta sea (aquí hay comunicación, pero esto raramente se produce), o cuando lo que el otro espera de nosotros es lo mismo que a nosotros nos interesa darle/decirle (aquí lo que hay es interés, relación, y posible manipulación, pero no comunicación verdadera).

Con frecuencia se comete el error de centrar  la atención en el contenido de la comunicación, perdiendo de vista que lo más importante es nuestro interlocutor (que es la fuente). Esto ocurre por ejemplo cuando nuestro interlocutor deja momentáneamente de decir cosas interesantes (según nuestro punto de vista) y nosotros simplemente dejamos de escucharle, rompiendo así la comunicación.

Para evitar esa ruptura le deberíamos preguntar qué representan para él esas cosas que nosotros encontramos menos interesantes. Él nos explicaría entonces porqué para él son interesantes esas cosas, con lo que nosotros saldríamos enriquecidos con la información facilitada (que es su punto de vista) y la comunicación podría continuar.

Casi todo lo dicho para la comunicación con "otro" es aplicable a la COMUNICACIÓN "CON UNO MISMO" (a nuestro diálogo interno). Todas las respuestas están nuestro interior y sólo esperan para salir a que nos hagamos las preguntas adecuadas. Aquí la cuestión será si queremos “saber sólo lo que nos conviene” o si "realmente queremos saber”. Porque suele ocurrir que vamos buscando que los demás nos presten su atención y, sin embargo no nos prestamos atención a nosotros mismos, al individuo que cada uno somos (no a los personajes que representamos).

Conocerse y aceptarse facilita mucho la comunicación porque una vez que nos conocemos y nos aceptamos a nosotros mismos estamos más preparados para conocer y aceptar a los demás.

  
JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.

ABOGADO Y MEDIADOR.

domingo, 30 de junio de 2013

SESION DE MEDIACION FAMILIAR. ICAValladolid.

https://www.youtube.com/watch?v=LLiODjVIT-g

La ACTITUD comunicativa: SER COMUNICANTES.


Dice TOURNEBISE (en "El arte de comunicarse") que si reflexionamos sobre lo que es la comunicación  nos daremos cuenta de que para que dos personas puedan decirse cosas - para que puedan comunicarse-  primero tienen que tener una actitud comunicativa, una voluntad de ser comunicantes, lo cual exige tres requisitos:

1º/ Una actitud abierta a emitir información, que exige “estar abiertos a los demás” (y no “cerrados en nosotros mismos”), sin lo cual la información no saldría de nosotros.
 
---A veces hay un problema de comunicación debido a que uno está "encerrado en sí mismo", de manera que esa actitud le lleva a la incomunicación y al aislamiento.

2º/ Emitir la información solamente cuando el receptor esté preparado para recibirla, porque no se trata sólo de emitir información, sino de emitirla y, además, de que sea recibida (que es su fin natural).
El emisor deberá favorecer la actitud receptora del otro creando un ambiente cordial que facilite la comunicación, y deberá estar atento a la actitud del otro para valorar si está preparado para recibir la información.

---A veces hay un problema de comunicación debido a que el emisor emite su información en circunstancias en las que el otro no está preparado para recibirla.

Y 3º/ Estar dispuestos a recibir la réplica de nuestro interlocutor, especialmente cuando sus opiniones son diferentes a las nuestras.

Recibir la réplica del otro no significa estar conforme con ella sino “aceptarla y comprenderla” como algo que el otro, desde su particular punto de vista, tiene derecho a pensar, sentir y expresar.

---A veces hay un problema de comunicación porque no estamos dispuestos a recibir la réplica del otro.

Tournebise afirma que lo primero es "SER" comunicante, y que después vendrá el actuar como comunicante. Con ello quiere decir que en comunicación no hay que poner el acento en "lo que hay que hacer" (para ser comunicante) sino en "lo que hay que ser" (comunicante), porque el "ser" es lo primero y nos llevará al "hacer" (actos de comunicación).

En definitiva, lo esencial es "ser" comunicante, encontrarse en un "estado comunicante" al que no nos dice cómo se llega, pero si nos lo describe.
 
JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.

miércoles, 26 de junio de 2013

El PROTAGONISTA de la comunicación y sus HERRAMIENTAS.


Los comentarios que siguen se basan en ideas extraídas del libro “El arte de comunicarse”, de Thierry Tournebise (Ed. Robinbook, 1.996, cap. 3).

 
La comunicación requiere un(os) protagonista(s) o actor(es), que es (son) la(s) persona(s) que comunica(n), y unos accesorios, que son la herramienta física (órganos físicos emisores y receptores), y la herramienta mental.

En la comunicación el actor es el ser humano individual, el individuo.

Para que haya comunicación el individuo debe estar presente. No está presente cuando no está interesado en lo que el otro le transmite. Entonces, aunque físicamente esté ahí, mentalmente no está, y por eso decimos que está ausente (suele decirse que está en la luna). En realidad está en alguna parte de su paisaje interior; no presta atención al otro.

 La herramienta física son los órganos físicos encargados de emitir y recibir información (básicamente los órganos de la fonación, el oido, y los músculos de la cara). Lógicamente no funcionan solos sino que requieren que la persona se encuentre en estado o actitud comunicante.

La herramienta mental incluye competencias mentales conscientes e inconscientes, y puede ajustarse a situaciones variadas e incluso a situaciones nuevas. Se trata de una poderosa herramienta que fabrica y almacena imágenes mentales, clasificándolas por parecidos y diferencias con otras imágenes ya existentes. Resulta imposible engañarla con mensajes no-verbales porque detecta rápida e inconscientemente las situaciones engañosas del no-verbal. Por eso, si aparentamos que comunicamos, no conseguiremos engañar a nuestro interlocutor.

Ambas herramientas –física y mental- funcionan normalmente de la siguiente manera: La herramienta mental recibe informaciones de la herramienta física y las procesa para que, después, el individuo envíe una orden a la herramienta física para el cumplimiento de la acción que quiere realizar.

 Excepcionalmente hay reacciones reflejas o en cortocircuito, y movimientos automatizados, en los que interviene menos o nada la conciencia del individuo.

 La constatación de que pueden estar presentes las dos herramientas en ciertas acciones que requieren su intervención (como por ejemplo, conducir un coche) y de que nosotros podamos estar ausentes (funcionando como si tuviéramos un piloto automático mental) pone en evidencia que no somos nuestra herramienta mental (tampoco la física). Cuerpo, mente e individuo están íntimamente ligados y cualquier cambio en la esfera de alguno de ellos afecta a las esferas de los otros dos.

 El flujo de información desde un individuo emisor hasta otro individuo receptor pasa por varias fases en el curso de las cuales puede perderse o distorsionarse parte de la información.

En cualquiera de las fases puede haber un déficit de transmisión o de recepción que dé lugar a que la información que el emisor pretendía enviar llegue parcialmente o distorsionada. Por eso resulta razonable en ocasiones pedir aclaraciones o decirle a nuestro interlocutor lo que hemos entendido y preguntarle si era eso lo que quería decirnos.
 
En el acto de emitir y recibir hay sujetos -emisor y receptor-  y objetos -informaciones verbales y no verbales-.

Debe resaltarse que siempre deben ser más importantes los sujetos que los objetos que se intercambian, porque las personas siempre son más importantes que las cosas. Es decir, que lo que digamos, por importante que sea, nunca debe aparecer a nuestros ojos como más importante que aquel a quién se lo decimos. Y asimismo, lo que nos digan, por importante que sea, nunca debe aparecer a nuestros ojos como más importante que aquél que nos lo dice.

 Cuando se da más importancia a las palabras o a las ideas que a los sujetos la comunicación se corta, porque los sujetos no se sienten respetados y su actitud deja de ser comunicante (si es que lo había sido en algún momento).

Para comunicarse es necesario acercarse o aproximarse al otro como individuo. Esto requiere un esfuerzo  porque supone salir de uno mismo, y entrar en el terreno del otro, donde no nos sentimos seguros ni sabemos si nos va a gustar lo que encontremos (que pueden ser problemas, ideas que no compartimos, etc.). Por eso a veces se habla de "mantener las distancias". Pero si uno quiere comunicarse sólo se pueden “mantener las distancias” con las ideas o con los problemas del otro, "no con el otro", al que necesariamente tenemos que acercarnos.

La comunicación es necesaria y es lo natural. La falta de comunicación produce estrés, es fuente de tensiones y dificulta la convivencia.

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.

martes, 25 de junio de 2013

EL PAISAJE INTERIOR.


Los comentarios que siguen se basan en ideas extraídas del libro "El arte de comunicarse", de Thierry Tournebise (Ed. Robinbook, 1.996, cap. 2).

 
Cuando miramos a nuestro alrededor creemos que vemos “la realidad”, y, además, creemos que todo el mundo la ve. Son dos errores –sobre la objetividad absoluta del conocimiento individual, y sobre la generalización del mismo- que dan lugar a problemas de comunicación.

Aunque parezca que vemos “la realidad” lo que vemos es “nuestra realidad”, una elaboración mental que parte de las percepciones del momento y de las informaciones acumuladas que hemos ido recibiendo de nuestro entorno a través de nuestras percepciones. De ésta manera cada persona va construyendo a lo largo del tiempo su propio “paisaje interior”, que es único para cada persona, y que es la razón por la cual la realidad no es percibida de la misma manera por todo el mundo.

 
El error de creer que todos tenemos el mismo paisaje interior ocasiona problemas de comunicación, entre los que se encuentran: a) la no-comunicación (por considerar que, como hemos visto lo mismo que el otro, no es preciso comunicarle nada), b) los malos entendidos (por atribuir al otro cierto conocimiento -que nosotros tenemos pero que él en realidad no tiene- que en nuestra opinión exigiría cierto comportamiento u omisión que no realiza, y c) el rechazo a la diferencia (por considerar que el otro está equivocado).

La dificultad para admitir la diferencia suele llevar a querer convencer al otro (diferente) de mis valores, opiniones, gustos, creencias, etc. Esa actitud no es comunicación porque no respeta al otro, sino que pretende que el otro sea como yo, piense como yo, etc., es decir, que el otro deje de ser él mismo.

 La actitud correcta ante la diferencia es pensar que el otro tiene razón (desde su punto de vista) y yo también (desde mi punto de vista). Y que podemos ampliar el campo de conocimientos compartiéndolos con respeto.

 La tendencia que tenemos a combatir la diferencia procede de que en nuestro paisaje interior estamos solos, y le tenemos miedo a la soledad. Por lo que, para no quedarnos solos, estamos dispuestos a imaginarnos que tenemos la misma percepción que los demás, que hay un mundo absoluto al que podemos hacer referencia común. Pero el precio que pagamos por ello es enorme, porque perdemos la individualidad, que es nuestra riqueza.

Sólo asumiendo nuestra soledad interior, nuestra diferencia, y permitiendo que el otro haga lo mismo, podremos llegar a un espacio de encuentro de nuestras individualidades.

 
JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.

 

lunes, 24 de junio de 2013

Pasar de LA RELACIÓN a la COMUNICACIÓN.

Estoy releyendo un libro muy interesante sobre comunicación que compré en 1.997. Se titula "El arte de comunicarse" (subtitulado "Técnicas para comprenderse con o sin palabras y mejorar nuestras relaciones humanas),  de Thierry Tournebise (Ediciones Robinbook S.L.; 1.996) En su primer capítulo expone algunas ideas que voy a comentar a continuación.

En la comunicación interpersonal hay diferentes grados o niveles. Nuestra comunicación con la mayoria de las personas suele ser una comunicación limitada a la relación -normalmente superficial- que tenemos con ellas. A este tipo de comunicación de poca intensidad  podemos denominarla "relación". En una relación cada uno es relativo al otro, está de alguna manera vinculado al otro, y hay una influencia mutua de comportamientos u omisiones, unos conscientes y otros inconscientes, debidos a la presencia del otro. Así, se hacen cosas que no se harían en ausencia del otro, y se omiten cosas que se no se omitirían en ausencia del otro. En su aspecto consciente podemos cambiar o ajustar el tipo de trato que tenemos con otra persona, y en definitiva la relación. Pero tiene también un aspecto inconsciente e involuntario.

  La "comunicación verdadera" -la "comunicación"- es algo más que relación; "es una forma especial de relación en la que uno comprende y es comprendido por otro". Esta definición ya da una idea de la poca frecuencia con la que se produce la verdadera comunicación (en adelante la "comunicación").

La "comunicación"presupone una decisión personal, consistente en "ser comunicante" con otra persona.

Sin embargo, con frecuencia elegimos lo contrario, es decir, "no comunicar" y mantenernos en el terreno de la relación. Esto suele deberse básicamente al miedo (a los demás, y a uno mismo) derivado de experiencias vitales que en el pasado nos hicieron daño y que no supimos integrarlas en nuestro ser como elementos enriquecedores, por lo que las arrastramos como una pesada carga que condiciona nuestra comunicación. Por eso sería conveniente revisar y estructurar todas nuestras experiencias de comunicación del pasado para aprovechar la riqueza que puedan aportarnos y liberarnos de lo que sólo sea una pesada carga.

Tanto en la"relación" como en la "comunicación" hay dos maneras simultáneas de comunicarse, la verbal y la no-verbal. La comunicación no- verbal transmite alrededor del 90% del mensaje, y en caso de discordancia entre el mensaje verbal y el no-verbal que le acompaña, el receptor da más credibilidad al no-verbal porque ofrece más garantías de autenticidad al ser más espontáneo y de más difícil disimulo.

La comunicación verdadera presupone reciprocidad en la información (que se da y que se recibe), así como admisión de la información que nos transmiten, lo cual no quiere decir conformidad con la misma sino aceptación, en el sentido de respetar y aceptar lo que el otro nos transmite, comprendiendo y aceptando -aunque no se compartan- sus opiniones, sus emociones, etc., sin juzgarlo y sin pretender cambiarlo.

Por ello puede decirse que "comunicar es hacer de la relación una oportunidad de crecimiento recíproco".

Comunicar de verdad es una elección y da lugar a una actitud de apertura.

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.



sábado, 15 de junio de 2013

LA ELECCIÓN entre LO JUSTO JUDICIAL y LO JUSTO EN MEDIACIÓN.

Para elegir si la solución de un conflicto la buscamos por la vía judicial o por la vía de la mediación podrían considerarse las exigencias básicas de una y otra vía.

Para obtener LO JUSTO JUDICIAL son necesarios cuatro requisitos:
 1º/ tener razón desde el punto de vista legal (a veces no se tiene razón ó no se tiene toda la razón);
 2º/ saber pedirla (a veces no se sabe pedir o no se sabe pedir correctamente);
 3º/ poder probarla (a veces no se puede probar o no se puede probar todo lo que uno quiere), y
4º/ que el Juez te la quiera dar (lo que a veces no ocurre, aún concurriendo los otros tres requisitos, por interpretar la ley o las pruebas de manera diferente y perjudicial para los intereses del solicitante; por un cambio de criterio legal o jurisprudencial, etc.).

Quiere ello decir que un juicio puede perderse:
1º/ por no tener razón;
2º/ por no saber pedirla;
3º/ por no poder probarla;
4º/ por que no te la quieran dar, ó incluso
5º/ por varios de esos factores.

Frente a ello, para obtener LO JUSTO EN MEDIACIÓN hay que llegar a un ACUERDO en un procedimiento de mediación, dirigido por un profesional, pero que sólo depende de las partes (siempre que puedan legalmente disponer de los derechos de que se trate). Ello supone:

1º/ que no es preciso tener razón desde el punto de vista estrictamente legal, sino que es suficiente con tener razón o parte de razón con un sentido de justicia más amplio, aceptado por acuerdo de las partes;
2º/ que no es preciso saber pedirla, porque el mediador ayudará a las partes en conflicto a exponer y pedir lo que interese a cada una,  y equilibrará la posición de la parte que lo necesite;
3º/ que no es preciso probar, pues en pocos casos se practica alguna prueba (normalmente pericial) y son las partes las que deciden sobre la manera de practicarla y la manera de valorarla; y
4º/ que no es preciso que nadie te de la razón  puesto que son las propias partes las que se dan a sí mismas y a la otra una solución razonable para todas.


En la elección de la vía a seguir -judicial o mediacional-  (y también en la tesitura de llegar o no a un acuerdo dentro de un procedimiento de mediación), el interesado tendrá que valorar, entre otras cosas, cuál sería su "peor alternativa a un acuerdo negociado" (PAAN), y si ésta se le representa mentalmente como muy perjudicial para sus intereses -con riesgo de no solucionar su problema, o de salir condenado en un eventual procedimiento judicial- podría ser un motivo razonable para elegir la vía de la mediación en vez de acudir a la vía judicial.

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.








miércoles, 12 de junio de 2013

LAS EMOCIONES, LAS CONDUCTAS, Y LA MEDIACIÓN.

"No nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede" (Epícteto, siglo I d.C.).

Entre lo que nos sucede y nuestras emociones hay una instancia intermedia que es nuestro pensamiento. Ahí es donde interpretamos la realidad, cada uno desde nuestra particular perspectiva (condicionada por nuestra historia personal, nuestras experiencias anteriores, nuestras creencias más arraigadas, nuestros valores, etc.), y ahí es donde puede hacerse una interpretación correcta o incorrecta de la realidad. Por tanto, nuestro pensamiento sobre lo que nos sucede (exteriormente) es -principalmente- lo que determina nuestras emociones. Es decir, es nuestro diálogo interior el que produce nuestras emociones. También es cierto que en ocasiones la conducta influye sobre las emociones, pero la influencia determinante es la del pensamiento.

El buen diálogo interior se suele aprender durante la infancia. No obstante, si en su momento no se aprendió a tener un buen diálogo interior, se puede aprender en cualquier momento; es cuestión de actitud y de esfuerzo.

Los tipos de comportamiento de las personas están muy vinculados con su diálogo interior, que puede dar como resultado tres tipos diferentes de conducta: "asertiva", "sumisa", o "agresiva".

La conducta asertiva es la de la persona que se comunica con los demás con respeto y con sinceridad; con seguridad en sí misma, con buena autoestima; es la de la persona que suele conseguir los objetivos que se propone, y cuyas emociones son las adecuadas a las circunstancias. Esta conducta permite comunicarse con otras personas con claridad y con respeto, expresando pensamientos, sentimientos, necesidades o deseos.
Es el justo medio entre la conducta sumisa (complaciente, insegura, poco sincera, con baja autoestima, que no suele conseguir sus objetivos...) y la conducta agresiva (dominadora, irrespetuosa, con una autoestima alta pero irreal, que suele conseguir objetivos a costa de los demás...).

Por tanto, la secuencia sería esquemáticamente la siguiente: suceso---pensamiento (correcto/incorrecto)---emoción (adecuada/inadecuada)---conducta (adecuada/inadecuada).

En cada persona los pensamientos, las emociones y las conductas no son siempre totalmente correctos.

De ahí que surjan conflictos, algunos intrapersonales y otros interpersonales.

Los conflictos interpersonales pueden ser objeto de mediación. Por eso es importante que el mediador conozca el origen de estos conflictos, el funcionamiento de las emociones, y su influencia sobre las conductas.

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.





MEDIACIÓN E INTELIGENCIA EMOCIONAL.

"No hay ningún viento favorable para aquél que no sabe a qué puerto se dirige" (Arthur Schopenhauer).

Así es. No hay viento favorable para quien no sabe a dónde se dirige.

Cultivar la inteligencia emocional nos permite saber, primero, dónde estamos (cuál es nuestra realidad), y segundo, hacia dónde queremos ir (en caso de que tengamos interés en cambiar nuestra realidad actual).

La inteligencia emocional tiene un aspecto interno, personal, de autoconciencia de nuestra realidad, del control de nuestras emociones, y en éste aspecto podemos y debemos motivarnos para realizar los cambios personales que sean necesarios con el fin de ir a donde nos interesa.
La inteligencia emocional también tiene un aspecto externo, de relación con otras personas. En éste aspecto tomamos conciencia de la realidad de esas otras personas, a las que debemos aproximarnos de una manera empática (comprendiendo y respetando). Y, además, en ésta relación con otros debemos cultivar las habilidades sociales, especialmente el conjunto de habilidades que engloba la asertividad (básicamente comunicación adecuada y respetuosa con los demás, y seguridad y confianza en uno mismo).
La psicología cognitiva ha desarrollado interesantes aportaciones en éste campo. Yo vengo recomendando la lectura del libro "El arte de no amargarse la vida"; un éxito del psicólogo cognitivo Rafael Santandreu, un reciente éxito editorial cuya presentación puede verse un youtube a modo de conferencia de una hora de duración, que también recomiendo ver.
Según GOLEMAN la inteligencia emocional nos permite entender, controlar y modificar estados ánímicos propios y ajenos. Por eso es fundamental en la mediación. Por una parte, la mediación será más fácil de llevar a cabo en la medida en que las partes en conflicto tengan cierto desarrollo de su inteligencia emocional (cuanta más inteligencia emocional tengan las partes en conflicto más posibilidades habrá de llegar a un acuerdo). Por otra parte, la inteligencia emocional del mediador también contribuirá de manera muy importante a que la mediación sea un éxito, por lo que el mediador deberá esforzarse en desarrollar constantemente su inteligencia emocional.

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.
12-6-2.013.