miércoles, 12 de junio de 2013

LAS EMOCIONES, LAS CONDUCTAS, Y LA MEDIACIÓN.

"No nos afecta lo que nos sucede sino lo que nos decimos acerca de lo que nos sucede" (Epícteto, siglo I d.C.).

Entre lo que nos sucede y nuestras emociones hay una instancia intermedia que es nuestro pensamiento. Ahí es donde interpretamos la realidad, cada uno desde nuestra particular perspectiva (condicionada por nuestra historia personal, nuestras experiencias anteriores, nuestras creencias más arraigadas, nuestros valores, etc.), y ahí es donde puede hacerse una interpretación correcta o incorrecta de la realidad. Por tanto, nuestro pensamiento sobre lo que nos sucede (exteriormente) es -principalmente- lo que determina nuestras emociones. Es decir, es nuestro diálogo interior el que produce nuestras emociones. También es cierto que en ocasiones la conducta influye sobre las emociones, pero la influencia determinante es la del pensamiento.

El buen diálogo interior se suele aprender durante la infancia. No obstante, si en su momento no se aprendió a tener un buen diálogo interior, se puede aprender en cualquier momento; es cuestión de actitud y de esfuerzo.

Los tipos de comportamiento de las personas están muy vinculados con su diálogo interior, que puede dar como resultado tres tipos diferentes de conducta: "asertiva", "sumisa", o "agresiva".

La conducta asertiva es la de la persona que se comunica con los demás con respeto y con sinceridad; con seguridad en sí misma, con buena autoestima; es la de la persona que suele conseguir los objetivos que se propone, y cuyas emociones son las adecuadas a las circunstancias. Esta conducta permite comunicarse con otras personas con claridad y con respeto, expresando pensamientos, sentimientos, necesidades o deseos.
Es el justo medio entre la conducta sumisa (complaciente, insegura, poco sincera, con baja autoestima, que no suele conseguir sus objetivos...) y la conducta agresiva (dominadora, irrespetuosa, con una autoestima alta pero irreal, que suele conseguir objetivos a costa de los demás...).

Por tanto, la secuencia sería esquemáticamente la siguiente: suceso---pensamiento (correcto/incorrecto)---emoción (adecuada/inadecuada)---conducta (adecuada/inadecuada).

En cada persona los pensamientos, las emociones y las conductas no son siempre totalmente correctos.

De ahí que surjan conflictos, algunos intrapersonales y otros interpersonales.

Los conflictos interpersonales pueden ser objeto de mediación. Por eso es importante que el mediador conozca el origen de estos conflictos, el funcionamiento de las emociones, y su influencia sobre las conductas.

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.





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