martes, 25 de junio de 2013

EL PAISAJE INTERIOR.


Los comentarios que siguen se basan en ideas extraídas del libro "El arte de comunicarse", de Thierry Tournebise (Ed. Robinbook, 1.996, cap. 2).

 
Cuando miramos a nuestro alrededor creemos que vemos “la realidad”, y, además, creemos que todo el mundo la ve. Son dos errores –sobre la objetividad absoluta del conocimiento individual, y sobre la generalización del mismo- que dan lugar a problemas de comunicación.

Aunque parezca que vemos “la realidad” lo que vemos es “nuestra realidad”, una elaboración mental que parte de las percepciones del momento y de las informaciones acumuladas que hemos ido recibiendo de nuestro entorno a través de nuestras percepciones. De ésta manera cada persona va construyendo a lo largo del tiempo su propio “paisaje interior”, que es único para cada persona, y que es la razón por la cual la realidad no es percibida de la misma manera por todo el mundo.

 
El error de creer que todos tenemos el mismo paisaje interior ocasiona problemas de comunicación, entre los que se encuentran: a) la no-comunicación (por considerar que, como hemos visto lo mismo que el otro, no es preciso comunicarle nada), b) los malos entendidos (por atribuir al otro cierto conocimiento -que nosotros tenemos pero que él en realidad no tiene- que en nuestra opinión exigiría cierto comportamiento u omisión que no realiza, y c) el rechazo a la diferencia (por considerar que el otro está equivocado).

La dificultad para admitir la diferencia suele llevar a querer convencer al otro (diferente) de mis valores, opiniones, gustos, creencias, etc. Esa actitud no es comunicación porque no respeta al otro, sino que pretende que el otro sea como yo, piense como yo, etc., es decir, que el otro deje de ser él mismo.

 La actitud correcta ante la diferencia es pensar que el otro tiene razón (desde su punto de vista) y yo también (desde mi punto de vista). Y que podemos ampliar el campo de conocimientos compartiéndolos con respeto.

 La tendencia que tenemos a combatir la diferencia procede de que en nuestro paisaje interior estamos solos, y le tenemos miedo a la soledad. Por lo que, para no quedarnos solos, estamos dispuestos a imaginarnos que tenemos la misma percepción que los demás, que hay un mundo absoluto al que podemos hacer referencia común. Pero el precio que pagamos por ello es enorme, porque perdemos la individualidad, que es nuestra riqueza.

Sólo asumiendo nuestra soledad interior, nuestra diferencia, y permitiendo que el otro haga lo mismo, podremos llegar a un espacio de encuentro de nuestras individualidades.

 
JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.
ABOGADO Y MEDIADOR.