martes, 24 de septiembre de 2013

ESTRATEGIAS y TÉCNICAS del Mediador.

Las ESTRATEGIAS de la mediación están muy próximas a las del coaching, que pueden resumirse en cinco fases, en las cuales se reflexiona y se toman decisiones en relación a: 

1) cuál es la situación actual,
2) cuáles son los objetivos,
3) qué obstáculos impiden alcanzarlos,
4) qué opciones se proponen para alcanzarlos,
y 5)  qué compromisos/acuerdos se adoptan para alcanzarlos.

El mediador tiene como estrategia general que las partes reflexionen sobre esas cuestiones y, si es posible, lleguen a un acuerdo.

De una manera más concreta, pueden señalarse como estrategias del mediador las siguientes:

1/ Procurar que cada parte reconozca a la otra sus aspectos positivos, y particularmente el esfuerzo realizado en la iniciación y continuación del procedimiento de mediación.

2/ Conseguir que las partes concreten los hechos para hacer un listado de los temas conflictivos.

3/ Replantear el conflicto desde los intereses/necesidades de las partes (ayudándolas a que abandonen sus posiciones), de manera que sea manejable para las partes y puedan plantear opciones para resolverlo.

Y 4/ Examinar las opciones de solución propuestas por las partes para ver si es posible concluir la mediación mediante un acuerdo global.


Veamos a continuación las TÉCNICAS del mediador.

El mediador tiene que “escuchar” a cada una de las partes. Para ello tiene que buscar un lugar adecuado, donde las partes puedan estar tranquilas y cómodas, procurando evitar distracciones e interrupciones (pedirá que apaguen los teléfonos móviles y que se concentren en el objeto de la mediación). 
Esta “escucha” es una “escucha activa”, es decir una escucha en la que el mediador no sólo está atento sino que, además, participa activamente en la comunicación, tanto en su aspecto verbal como en su aspecto no verbal. Se ha dicho que el mediador no sólo escucha con los oídos sino con todo el cuerpo (y con toda la mente).

Durante la escucha la actitud del mediador debe ser neutral (respecto al objeto sobre el que se media) e imparcial (respecto a las partes), y para conseguirlo, debe despojarse temporalmente de sus prejuicios  (todos soportamos el peso de los prejuicios sobre algunos asuntos o sobre algunos tipos de personas, pero el mediador debe tratar de prescindir de ellos al intervenir en la mediación). 

El mediador debe mostrar interés por lo que cada parte va contando, y manifestárselo mediante expresiones del tipo: “Según veo…”, (ej: necesitabas que Luis te devolviera el préstamo hace un mes y no lo hizo) “Comprendo…” (ej: cómo te sentiste cuando te dijo que no te iba a devolver el dinero), “Ya…”, etc. con el fin de que continúe con su relato.

Asimismo el mediador hará parafraseos (repetición de las ideas principales expresadas por cada parte)  y reformulaciones (repetición de las ideas mencionadas pero suprimiendo de las mismas las eventuales connotaciones negativas).

En todo caso, no se trata de que el mediador esté conforme o disconforme con lo que escucha, sino de manifestar empaticamente que entiende lo que cada parte está contando y que "se pone en su lugar"

Igualmente el mediador reflejará ("técnica del espejo") las emociones expresadas por las partes con expresiones del tipo: “Veo que te disgustó…” (ej: que no te devolviera a los niños a la hora prevista), “Parece que sufriste cuando…” (ej: te faltó al respeto públicamente).

Y Finalmente el mediador hará un resumen de lo manifestado por cada parte, comenzando con frases del tipo: “Si te he comprendido bien…” (el problema surge porque tu marido no colabora en las tareas de la casa ni en el cuidado de los hijos); “Bueno, para ti lo más importante parece que es…” (ej: que tu socio dedica a la empresa la mitad de tiempo que tú y sin embargo se lleva los mismos beneficios).
 El resumen permite confirmar que se ha entendido correctamente la información que nos han transmitido, y ofrece la posibilidad de corregirla en caso de disconformidad. De esta manera se fijan las ideas principales sostenidas por cada parte y se establecen las bases para la negociación.

El mediador apoyará a la parte que lo necesite para que tenga confianza en sí misma y en sus capacidades para intervenir satisfactoriamente en el procedimiento de mediación (lo que recibe el nombre de empoderamiento).  Y asimismo el mediador legitimará a una parte frente a la otra resaltando lo positivo de la misma, especialmente cuando haya sido ninguneada o menospreciada por la otra.

A lo largo del proceso el mediador hará preguntas a las partes para a/ obtener información complementaria, b/ conseguir que las partes abandonen sus posiciones y se centren en sus intereses/necesidades, c/ identificar los intereses compartidos, d/ confirmar que hay acuerdo sobre algún aspecto, d/ confirmar los motivos que tuvo cada parte para participar en la mediación, e/  examinar las posibles alternativas para el caso de que la mediación concluya sin acuerdo, etc.


Las preguntas que hay que hacer son principalmente “abiertas” (que permiten una respuesta explicada) para que las partes cuenten su versión/visión de los hechos, aunque en algún momento también puede ser pertinente realizar alguna pregunta cerrada (sólo permite responder "sí" o "no").

Las preguntas son del tipo: ¿Qué razones has tenido para venir a la mediación?, ¿Cómo te sientes?, ¿Cómo ves tú la situación?, ¿Puedes decirme sobre qué cuestiones querrías llegar a un acuerdo?, ¿Cómo te gustaría que estuviera esta situación dentro de de un año?,¿Qué alternativas tienes si no llegas a un acuerdo?

A lo largo de las sesiones las preguntas van siendo cada vez más concretas en relación a lo que constituye el objeto de la mediación.

Deben ser preguntas que no condicionen la respuesta, es decir que puedan ser respondidas con plena libertad, porque es la única manera de mantener la confianza y la comunicación, pero que, no obstante, inciten a la reflexión y evoquen o inspiren respuestas que permitan ir avanzando en el camino hacia un acuerdo.


José Antonio Germán López-Acosta.
Abogado y Mediador.