miércoles, 5 de febrero de 2014

INTELIGENCIA EMOCIONAL y APRENDIZAJE ESCOLAR.

DANIEL GOLEMAN, psicólogo y periodista científico, escribió un best-seller mundial titulado “Inteligencia Emocional” (1.995), un libro de imprescindible lectura para cualquiera que tenga interés en conocer el mundo de las emociones, sus bases científicas, el desarrollo de las mismas desde el nacimiento, y las posibilidades de incidir en la educación emocional de los niños (o de los adultos).

El título del libro hace referencia a un concepto cuya primera formulación se debe a los psicólogos John Mayer y Peter Salovey, los cuales vinieron a aportar una idea diferente sobre los ingredientes fundamentales del éxito en la vida (que con anterioridad se atribuían a la inteligencia entendida exclusivamente como coeficiente intelectual).

GOLEMAN comenta que en algunos estados de Estados Unidos el concepto de “inteligencia emocional” se ha adaptado al ámbito educativo en forma de programas sobre “aprendizaje social y emocional”, en todos los niveles educativos, desde las guarderías hasta la enseñanza secundaria (nunca es demasiado pronto, ni tampoco demasiado tarde). En la enseñanza elemental los niños aprenden a reconocer y nombrar sus emociones y el modo en que éstas les impulsan a actuar, de manera que al terminar los estudios primarios hayan desarrollado la empatía suficiente como para poder identificar, por las señales no verbales de otra persona, lo que puede estar sintiendo. Durante la enseñanza media aprenden a analizar con más detalle las emociones positivas y las negativas, y su repercusión en las maneras de actuar. Y en la enseñanza secundaria aprenden habilidades como saber escuchar, hablar de un modo que contribuya a resolver conflictos (en vez de generarlos) y saber negociar acuerdos satisfactorios para todos los implicados en un conflicto.

Según GOLEMAN la investigación científica ha demostrado que la autoconciencia, la confianza en uno mismo, la empatía y la gestión más adecuada de las emociones e impulsos perturbadores, no solo mejoran la conducta del niño, sino que también inciden muy positivamente en su rendimiento académico.

JOSÉ ANTONIO GERMÁN LÓPEZ-ACOSTA.

ABOGADO y MEDIADOR.

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